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Cultura ciudadana, un derecho y un deber

Cultura ciudadana, un derecho y un deber


Todos los ciudadanos deben estar involucrados en el conjunto de políticas y acciones que crean los gobiernos en distintos puntos para que la gente tome conciencia de que es necesario un cambio de actitud frente a su ciudad, región o país; por allí se empieza.

Esa generación de nuevos comportamientos parte de las autoridades que tienen la obligación de facilitar los espacios de participación y cooperación de todos los habitantes de su territorio e incrementar la regulación social que corresponda con las acciones y políticas públicas. 

Esta participación en los problemas de la sociedad es importantísima, más que nada, vital. Pues la colaboración entre unos y otros ejercita el progreso de todos, a través del logro de objetivos elementales de convivencia y que requiere a su vez de un compromiso ante los problemas de ‘Acción Colectiva’, expresión empleada por Jon Elster para dar a conocer lo complejo de la cooperación humana en el logro de objetivos de beneficio general, pero en ello, cada quien tiene una motivación enfocada casi siempre a la no colaboración y a esperar mejor que otros actúen.

De hecho, el fin de las acciones colectivas es lograr la cooperación de todo el mundo y no lo contrario, que significa un gran perjuicio para la mayoría. Hay que desvirtuar aunque sea un poco esa manera de pensar en la que prima el bien particular.

Pero esta urdimbre se gesta a través de las formas de expresión, diversas, los rituales y las costumbres que comparten los miembros de una sociedad. Pues ciudadano y ciudad tienen un vínculo estrecho, no entendemos cómo todavía existen personas que no pueden convivir ni con su familia, mucho menos han aprendido a respetar una norma de tránsito o a ceder el puesto en el bus a una mujer embarazada o con un bebé, denunciar una infracción o delito si se es testigo de ello, no arrojar siquiera un papel a las calles o en los parques, etc.

Con este enfoque la cultura ciudadana tiene que ver con la dimensión política de hombres y mujeres y es que tienen unos derechos especificados en la Carta Magna, pero también esos mismos derechos encarnan unas obligaciones para con el Estado y la sociedad, es decir, de aquello que se recibe debe devolverse por lo menos una parte a la providencia.

Si no es por el derecho a convivir pacíficamente por el que propende la Cultura Ciudadana, nuestra situación sería un caos más terrible, lo bueno, es que aún hay personas que interiorizan estas normas y son capaces de demostrarlo, valoran lo que nos fue dado resguardando el patrimonio común del que formamos parte activa todos.

Hay un vínculo muy estrecho entre cada individuo y su entorno, es un hilo que aunque no se ve registra y regula su conducta en los espacios públicos y también su participación asertiva en la toma de decisiones respecto de lo que nos conviene como conglomerado o no. 

Evidentemente de sobra hay serias falencias en nuestra formación, pues nos hemos asentado en una cultura del descuido, la ignorancia y a indiferencia en donde nos hacemos los flojos, los locos. Qué exigimos de nuestros gobernantes a quienes de otra parte, elegimos nosotros mismos, si nadie deseamos poner nuestro empeño en mejorar o, por lo menos en no empeorar esta crisis social sustentada en la pérdida de la identidad, los principios y la moral.

Se habla Bastante de crear Cultura Ciudadana, orientar nuevas y mejores formas de relacionarnos; sin embargo como decía Pacífico Cabrera en un reconocido programa de humor y lamentando su desaparición porque con él desapareció la crítica: ‘Todo el mundo habla de Paz, pero nadie se compromete’ la incultura es apenas un síntoma del desorden social, de la pobreza y más allá, de la miseria. 

¿Cuál es el desarrollo que anhelamos tanto, si somos incapaces de empezar por cada uno? ¿Qué esperamos de los demás? Si nos cuesta obedecer y no hay una automotivación, ni una motivación venida de afuera. Empecemos por ahí… oh Antanas, las tristes ciudades te reclaman…

Somos ciudadanos hechos libres y responsables y no al revés; Autoridades y pueblo, unidos. hagámoslo valer.

Fuentes:

http://www.comunikandonos.com

 

http://corpovisionarios.org



Publicado por: Mi Tunja.net


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